La infraestructura es la columna vertebral del desarrollo económico y social en América Latina y el Caribe. Desde terminales logísticas hasta proyectos de energía o gestión de residuos, las inversiones dirigidas a estos sectores impactan la vida de millones de personas. Sin embargo, aún persiste una brecha significativa en la incorporación de factores de género en la medición del impacto de estos proyectos. Si queremos asegurar un desarrollo inclusivo y sostenible, es fundamental adoptar un enfoque de género en la evaluación de sus beneficios y desafíos.
Brechas de género e infraestructura
Históricamente, la infraestructura se ha diseñado desde una perspectiva considerada “neutral al género”, bajo la premisa de que sus beneficios son iguales para todas las personas. No obstante, la realidad demuestra que mujeres y hombres se benefician de manera distinta. El acceso a energía confiable y a infraestructura social de calidad incide directamente en la seguridad, el acceso al empleo y la calidad de vida, con efectos diferenciados por género.
Por ejemplo, en el sector de telecomunicaciones, las mujeres enfrentan mayores barreras para acceder a servicios de internet y tecnología, lo que limita sus oportunidades de educación y trabajo remoto. La brecha digital de género sigue siendo un obstáculo relevante en América Latina y el Caribe, evidenciando la necesidad de inversiones en conectividad que consideren las diferencias en acceso y uso entre mujeres y hombres.
Medición y reducción de desigualdades
Para avanzar en esta agenda, es indispensable que financiadores y desarrolladores adopten marcos de medición de impacto que incluyan indicadores desagregados por género. Esto implica recopilar datos diferenciados, involucrar a las comunidades desde la etapa de diseño de los proyectos y garantizar que las soluciones de infraestructura atiendan las necesidades de todos los grupos sociales.
Como plataforma líder en inversión responsable para el financiamiento de proyectos de infraestructura y energía en la región, CIFI ha integrado la medición de estadísticas de impacto diferenciadas por género en todas sus inversiones desde 2018, en alineación con las mejores prácticas internacionales. El objetivo es lograr decisiones basadas en evidencia que contribuyan a la reducción de desigualdades.
Por ejemplo, medimos el porcentaje de empleos ocupados por mujeres en la cartera de CIFI, lo que ha permitido una mejora de 15 puntos porcentuales: del 13 % en 2018 al 28 % en 2023. Los datos recopilados a través de nuestros socios estratégicos permiten desglosar la información por país y sector, facilitando la identificación de áreas con mayores oportunidades de mejora.
En CIFI, creemos que incorporar indicadores de género en la medición de impacto no solo es un tema de equidad social, sino también una estrategia inteligente para maximizar los beneficios de cada inversión y asegurar un crecimiento sostenible de largo plazo para toda la región. Un enfoque que integre la perspectiva de género permite identificar oportunidades para dirigir recursos hacia soluciones más inclusivas y con retornos sostenibles.